¿Que tanto nos divide la frontera entre San Diego y Tijuana?

Updated: Jan 14

Hoy en día, es impresionante la facilidad con la que nos podemos conectar por medio de Internet con otras personas del mundo. Si tenemos un mensaje pertinente y relevante, hasta le podemos mandar un mensaje al presidente de un país, y, lo que en otros siglos era imposible, puede que inclusive nos responda. Con tal poder en la palma de nuestros dedos, en la realidad actual, podemos enriquecernos de experiencias, conocimientos, amistades y una expansión de nuestros horizontes que parecen infinitos. Ahora sí, que internet ayuda, en cierta medida, pero dependerá de nosotros que tanto nos sepamos abrir paso ante la vida y nuestra capacidad de conectar con las personas y nuestros alrededores para poder así lograr cosas que nunca pensamos alcanzar. Hoy más que nunca, en un mundo conectado por internet, y especialmente hablado del caso de San Diego y Tijuana, como mencionó Diego Luna en The Daily Show:

"We cannot allow a border to define the way we relate to each other."


¿Qué? ¿Vamos a comer Kimchi?

Las pequeñas decisiones que tomamos día a día pueden resultar en grandes consecuencias. El 10 de septiembre del 2019, recibí un mensaje de amiga Kelly, la cual trabaja como coordinadora de eventos en una escuela de inglés en San Diego, invitándome a asistir a un evento de la celebración del día de la cultura coreana. Me lo pensé bastante, pues ir de Tijuana al centro a San Diego me toma alrededor de 2 a 3 horas, tengo que gastar 6 dólares de pasaje y, para hacerme dudar más, usualmente al final del día termino bien agotado. Lo pensé durante dos días hasta que me decidí ir y me dije: “Ey, vamos a comer kimchi y a visitar a mi amiga”.

I am going to go to Q to eat Korean food!

—Le escribí un mensaje en mi celular.

Awww I’m excited to see you again! Let’s have fun —recibí su mensaje.

Al leerlo, me sentí poco emocionado de que alguien iba estar esperando por mí, de cierta manera. Ahora no solo era el kimchi, pero también ver a mi amiga de nuevo.


Cruzar la frontera, la primera vez, dan nervios

El día del evento me levanté temprano, me aliste, tome un taxi al centro, cambié 400 pesos a dólares en la casa de cambio, y prepare mi visa para cruzar la frontera entre México y E.E. U.U.

Al llegar con la oficial de frontera de E.E. U.U., me pregunta:

—¿A dónde va?

Me acuerdo que la primera vez que me preguntaron eso no pude responder, las palabras no se articulaban en mis labios. Además que en las casetas para cruzar siempre hay cierto nerviosos cuando el oficial de frontera les pregunta información a las personas. Lo puedes sentir en la atmósfera. Afortunadamente, ese día, iba con una abuela que iba acompañado a sus nietas a una escuela primaria de San Diego.

—Él es mi nieto. Vine conmigo —le dijo la abuela a la oficial de frontera—. Ven, hijito.

Qué abuela tan amable.

Ese día, a los 21 años de edad (actualmente tengo 22), después de ahorrar y tramitar la visa por primera vez, con el primer paso que di en la estación de San Ysidro estaba muy emocionado de explorar otra cultura. Con horas y horas de estudiar inglés, sentía que iba ser el momento de exprimirlo al máximo. No obstante, ese día, tan solo anduve de turista aprendiendo a usar el transporte público, pues es muy complicado cuando uno está acostumbrado al transporte de Tijuana.

Pero aquí estoy de nuevo, con la misma pregunta: “¿A dónde va?”

Quien diría que, después de un año, experimentaría tantas cosas nuevas. De pequeño, siempre me imagine a “el otro lado”, a San Diego, como algo desconocido, una silueta a los lejos de Tijuana con grandes edificios y una playa en medio, donde podías comprar cosas de marca como Nike o Adidas, artículos que mis vecinos y compañeros decía con orgullo que era de “el otro lado”. Como es normal, me interesaba ver que se encontraba allá; allá donde mi hermana había ido al Zoológico con mi abuelita; allá donde mi mamá había estado en su juventud en los 80 y los 90; allá al país donde residen unos de mis primos que me enviaron un Gameboy Colors y un Gamecube.


Le respondí con una sonrisa al oficial:

—Voy con unos amigos a comer comida coreana en Downtown, en Little Italy.

Siempre me imagine la frontera como un punto y aparte, donde tienes que estar siempre a la vigilancia. Sin embargo, ahora que puedo cruzar, desde mi punto de vista, se me hace muy fácil. Hasta lo disfruto, pues incluso cuando la línea de cruce parece no tener fin, es un espectáculo ver todo el tipo de personas que cruzan. Hay de todo. Además que me gusta decirles con entusiasmo en la mañana a los oficiales fronterizos “buenos días” y que me digan “buenos días” con su particular acento.


El tren siempre es un buen lugar para pensar

De vuelta a ese día, unas vez cruzado, recargue mi compass card para utilizar el transporte público por todo el día, me subí al Trolley a tomar un asiento, me puse mis audífonos a escuchar música y me acomode para que mis pensamientos fueran a la deriva conforme veía el paisaje de San diego con su superficie plana y su cielo azul con nubes enormes. Me he dado cuenta que las veces en las que mejor pienso es cuando no me preocupo en pensar. ¿Cómo se le llama? ¿Intuición? El Trolley es un lugar perfecto para reflexionar.

Tuut-tuut suena el claxon del tren acompañado con un timbre:

This is a Blue Line Trolley to America Plaza in Downtown San Diego. All passengers must have a valid fare. There is not smoking or eating permitted on the Trolley, and drinks must be sealed or in a sealed container. Priority seating for seniors and disabled riders is located near most doors. Please make the seats available when needed. In consideration of others, do not place your feet on the seats. Thank you.

Next station

Después de estar sentado por un rato, la voz grabada en inglés y español a cada estación es lo que siempre evita que me quede bien dormido.

A los 50 minutos de viaje escucho:

Next station 12th & Imperial. Siguiente estación 12th & Imperial.

Me bajo un poco adormitado a tomar el Trolley de la Línea Verde para ir a Q.

Next station Little Italy. Siguiente parada Little Italy.


Sintiéndome como en casa y llamado a todos amigos

Llego a la parada de esa pintoresca zona llena de jacarandas, y de ahí a Q International School son aproximadamente 10 minutos a pie. Usualmente, me pongo a brincar, estirar y a sacudir mi cuerpo después de estar sentado por 1 hora para despertarme, además que escucho música para ponerme en una actitud positiva. ¿Qué te gusta?, ¿”Treasure” de Bruno Mars? La música tiene el poder de cambiar el ritmo del día.

Al entrar a la escuela, me encuentro con una recepcionista que me dice que está haciendo un voluntariado y está estudiando medicina. La veo muy seria haciendo su trabajo. Le pregunto si hay Kimchi y me dice que sí, que es como una empanada. Veo a mi amiga Kelly, la cual lleva un largo vestido de flores muy bonito, y la saludo de lejos. Paso a la sala principal donde está el evento y le preguntó a uno de los encargados donde se encuentra la mejor comida. Me señala donde está y lo acompañó. Antes, eso sí, tengo que comprar un ticket para canjearlo. Mientras espero que me haga mi empanada de kimchi, veo unos dulces con una envoltura con caracteres coreanos.

What is that? Does it taste good? —Le pregunto a la chica encargada de vender esos dulces con una pegatina de la bandera de Corea del Sur y con el cabello corto.

Yes, it’s a honey candy. Just 1 dollar for 4 candies. One is for free.

Me quedo mirando a los dulces para ver si me animo a comprar uno, pero después decido que no quiero consumir dulces ese día. Como ella estaba a lado del puesto donde me estaban preparando mi kimchi, me puse a conversar un poco con ella. Cuando terminamos de presentarnos, me dice:

I want to learn Spanish.

Oh, really? You know, the best way to learn a language is by making friends because it’s more fun. Well, it works for me. I don't know —tan solo se lo digo de experiencia, pues en mi caso he sentido que he mejorado un montón desde que me he intentado hacer amigos y relacionarme con personas; ir a clases de baile, hablar con los Testigos de Jehovah, perderme y pedir direcciones a extraños… Nada como aprender algo en contexto. Se batalla un poco, pero se aprende.

En eso llega mi amiga Kelly.

La chica de los dulces de miel le pregunta

Who is he?

He is my friend —dice Kelly feliz.

We’re friends! —repito abrazándola del cuello brevemente.

A eso me pongo a hablar un poco con Kelly y me dice que tengo que probar la horchata coreana llamada sikhye. Le pregunto quién lo vende y me dice que lo está vendiendo la chica de los dulces de miel.

Regreso de nuevo al puesto de la chica de los dulces de miel. Intento hallar la bebida pero en su pequeña mesa tan solo tiene el plato con dulces y un recipiente como de 1.5 litro y medio de algo.

—Hey, I want that thing. I forgot the name of the drink —no soy bueno recordando cosas. Tengo buena memoria pero a veces como que me falla. Es como si me tardo en procesar nueva información.

—Sikhye? But you have to buy a ticket.

En lo que compro mi ticket y tomó mi sikhye, me dicen que mi empanada de kimchi está lista. Sinceramente me encontré con un sabor bastante familiar como con las tostadas de repollo que me hacía mi mamá. Ahora ya veo por qué les gusta mucho a los coreanos. El repollo también es una de mis alimentos preferidos porque es simple pero tienen su encanto especial. Con respecto al sikhye, es con agua pura y endulzado con miel.

Después de los preliminares, me dispongo a acomodarme para degustar mi festín en uno cómodo sillón en la sala de que está en medio, saludo a otra amiga, conozco a otros amigos y el show comienza.

Me la pase muy bien viendo amigos bailar y escucharlos cantar con tanta pasión en coreano. Por mi parte, me la pase sentado aplaudiendo, pero si me dieron las ganas de cantar cuando un profesor comenzó a cantar “Hey, dude”. Vamos que de todos modos cantamos al final con el coro de la canción.

Antes de irme comienzo a platicar con un amigo que pasó a cantar, me dice que es actor y me enseña un tráiler de su película “The Interpreter”, habla japonés y un poco de coreano. No sé, a veces me quedo fascinado cuando mi inglés me permite interactuar con personas talentosas. Siento que ya estoy en otro nivel.

En eso mi amiga Kelly, llama a los chicos y dice que la estudiante de medicina va a hacer unas preguntas de la organización del evento. Pienso en irme en ese momento, pero antes me quiero despedir. Me quedo parado a escuchar un poco de lo que está diciendo y en eso la chica de los dulces de miel llega a mi lado:

—Hey, you told me that the best way to learn a language is by making friends. Can I have your number?

Me puse muy feliz que quisiera ser mi amiga. Sí, que llamo amigos a todos, pero es otra cosa cuando te llaman amigo.

Luego, al parecer, se fue a recoger su puesto de dulces de miel y sikhye mientras yo me sentaba con otros amigos. Después de 10 minutos voltee para atrás y ella estaba sentada en un asiento. Estaba un poco aburrido, así que fui a hablar con ella. Le pregunté por qué quería hablar español y entablamos otra pequeña conversación. Entonces le digo si ya conoce a mi amigo el actor. Apenas lo conocía, pero ya estaba tan orgulloso de él. Voy en busca de mi amigo y se lo presento.

Be water, my friend

Bueno, no sé cómo se dieron las cosas, pero al final terminamos en un carro con destino a restaurante coreano con mi amiga de los dulces de miel, mi amigo el actor y otro amigo.

Cuando íbamos en el carro, me pongo a hablar con mi otro amigo. Nuestro tema de conversación termina con nuestra admiración a Bruce Lee. Y como buenos fans de este actor, no se podía decir “Now be formless, shapeless like water… If you put it into a teapot, it becomes the teapot… Be water, my friend”.

Al llegar al restaurante y recibir la comida, me quedé impresionado por todos los platillos de comida coreana, y, como cualquier extranjero, me quedé de perplejo cuando recibí unos palillos chinos (chopsticks) en lugar de una cuchara. La verdad es que ellos estuvieron hablado de varios temas mientras yo me estuve enfocando todo el tiempo en hacerme un maestro en el arte del manejo de los chopsticks. Después de 1 hora mis amigos se percataron que apenas había comido.

Can you bring him a fork —dice mi amigo el actor a la mesera—. It’s easier to eat with the fork for you.

Oh, thank you, but I wanna learn to use the chopsticks —le digo.

Oh, but don't worry if you can't. It’s hard and it takes time and practice —amablemente me contesta.

Después de como 30, mi amiga de los dulces de miel se ve un poco preocupada por mi situacion y me dice:

—It’s so hard. You should definitely try the fork.

—It’s hard, but it's not impossible —contesto un poco obstinado.

I like your mindset expresa mi amigo el actor.

Es maravilloso aprender nuevas cosas. En cierta medida, estaba muy feliz de convivir con mis nuevos amigos y además de que se me vino a la mente que el papá de mi abuelita era de origen asiático. Era como si estuviera conociendo una nueva faceta de mí que no conocía. Es en estos momento es donde me doy cuenta que aprender otro idioma es una de las mejores cosas que puedes hacer.

Cuando fui capaz de aprender el posicionamiento de los dedos con la ayuda de mis amigos y comer, me puse muy feliz y alardear un poco. A lo que mi amigo que le gusta Bruce Lee me dice al final:

I am so proud of you. “Be water, my friend”.

Uno tiene que fluir como el agua cuando se está en otra cultura.

Ese día llegue a mi casa como a las 11 de la noche.

Quiero ir a comer tacos nativos.

Después de unos días recibí un mensaje de los dulces de miel:

Hey, I wanna go to eat natives tacos with my friend to TJ. Can you give us a tour?

Acordamos encontrar en la estación de San Ysidro en San Diego.

Los últimos minutos de una espera nos hacen muy felices

Ese día pensé que no iban a ir, pero de todas maneras fui a la hora acordada. Le mande un mensaje de que ya había cruzado la frontera y a los pocos minutos me responden que ya vienen en camino. Me emocione un poco. Sí venían.

Debido que la plaza se encuentra cerca, me fui pasearme para matar uno poco el tiempo. Al aproximarse la hora en la que quedamos de encontrarnos, me fui a la estación del Trolley.

We can meet you in front of Mcdonalds at 3:50.

Yes, I am gonna gonna be there —repondí.

Okay! See you!

Eran las 3:45.

No sé el porqué, pero de repente me empecé a emocionar mucho, tanto, que se me paso por la mente que cuando bajaran del Trolley las iba a abrazarlas como si hubieran venido de la guerra. Hice un poco de reflexión y me di cuenta que iba a ser muy exagerado, y lo era sin ninguna duda. Conforme se aproximaba el tren, me emocionaba un poco más. Cuando el tren paró, me dije que tenía que tenía que saludar con serenidad. Sin embargo, ese no era su tren.

En eso recibo su mensaje:

Just one station lefttttt.


Quizás ellas también estaban emocionadas. Quizás no era el único.

Cuando se bajaron del tren las salude:

Hi, again —dije en un tono tranquilo, como si fuera un encuentro muy casual, no impresionado por verlas de nuevo; no obstante, muy dentro de mí, estaba muy emocionado.

En lo lejos puedes encontrar nuevos amigos y el poco tiempo juntos te ayudará a darte cuenta de que tan preciados son.

Just follow me! —Les dije a mis amigas, sintiéndome como cuando una pata le siguen sus patitos.

I am excited —me decían.

Fuimos al Mercado Hidalgo, donde mis amigas, como muchos extranjeros, se quedaban fascinadas por los detalles que siempre paso por alto como el papel picado colgado de colores, los tipos de comida y la variedad de dulces mexicanos. Después de compramos unas aguas de coco natural, dulces, y otras cosas, como buen amigo mexicano, les di a probar unos dulces de mango con chile:

But Koreans eat spicy things —les dije intentando justificar mi broma.

But not us —me respondieron bebiendo agua de coco con la espera de aliviar su molestia.

Me reí un poco sin que me vieran.

Acto seguido las lleve a comer tacos y las enseñen a decir unas frases esenciales como gracias, de nada, por favor, que le vaya bien. En cierto punto, empezaron a conectar con las personas tan solo con decir gracias y de nada.

You are connecting with people. I feel so proud of you —les dije como todo un profesor orgulloso de sus estudiantes.

We have a really good teacher —me contestaron haciéndome sentir bien.

El gato de la calle. ¿Qué le vieron? No lo sé.

Acercándonos a una calle de florerías, les digo.

Hey, do you like flowers?

All women loves flowers —me responde mi amiga con si la respuesta fuera obvia.

Pasando un las tiendas se me ocurre comprarles un flor pequeña. Entonces les digo bromeando:

Hey, if you put the flower in your ear, I am also gonna put it in my ear. I am waiting.

No pensé que lo fueran a hacer, pero después volteo para atrás y las veo con la flor en la oreja.

Now it's your turn —me dijeron.

En nuestro camino a la calle principal, nos topamos con un gato de la calle.

Can I take her? —me pide mi amiga.

Uff, que puedo decir, estuvimos ahí con el gato como por 10 minutos. Por un momento, pensé que las conocía de toda la vida

La silueta

Nunca pensé que “la silueta a los lejos de Tijuana con grandes edificios y una playa en medio” se llegaría a convertir en dos amigas de Corea Sur con una flor en la oreja jugando con un gato en las calles del Centro de Tijuana. Siempre pensé que saber hablar inglés me permitiría conocer más lugares y personas, pero nunca me imaginé que también me ayudaría a conectar culturas y ayudar a que otras personas experimenten cosas nuevas. Ya no miro a San Diego como una silueta a lo lejos de Tijuana, ahora solo pienso en mis amigos y en las ansias de verlos de nuevo. Ya sea en Tijuana o en San Diego, y, quien sabe, quizás un día los vaya a visitar a su país de origen.


Personalmente, lo que me ha cautivado de San Diego es la posibilidad de conocer personas de todas partes del mundo y ser capaz de hablar ellos en inglés. Siento bonito cuando les digo friend o bro y empiezo a desarrollar una plática con ellos.


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